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Editorial 1303

08 septiembre 2022

**El 11 de septiembre **

Este domingo se cumplen 21 años de los ataques terroristas que cegaron la vida a cerca de 3 mil personas que nada hicieron para merecer la muerte cruel de que fueron víctimas.

Los ataques fueron perpetrados por grupos de fundamentalistas musulmanes comandados por el millonario saudí Osama Bin Laden.

Tres aviones fueron secuestrados en una acción suicida para ser estrellados con todos los pasajeros a bordo en las torres gemelas de Nueva York, el Pentágono y presumiblemente en la Casa Blanca.

El grupo terrorista se había propuesto atacar objetivos norteamericanos. Uno de esos ataques fue contra un buque norteamericano en las costas de Yemén. La entonces administración de Bill Clinton lanzó ataques con misiles a lugares donde se presumía que se encontraba el comando del grupo terrorista Alqaeda. Eso ocurrió en 1977, y tres años después Bin Landen lanzó los ataques del 11 de septiembre.

Estos hechos de sangre, debían ser razones suficientes para entender la necesidad de vivir en paz y examinar la política exterior norteamericana. Contrario a eso, la entonces administración de George Bush llevó a cabo una invasión militar contra Afganistán, donde se encontraba el centro de operaciones de Bin Laden. Esa invasión acabó por destruir el empobrecido país y dejó hasta la fecha cerca de 200 mil muertos, unas de 50 veces más que los que murieron en los ataques del 11 de septiembre.

Bush utilizó el dolor de los norteamericanos por los atentados de Nueva York para lanzar una invasión contra Irak, que hasta la fecha ha arrojado cerca de 300 mil víctimas, cien veces mas que las que arrojaron los atentados de Estados Unidos.

Pero el 11 de septiembre es una fecha de dolor no solo para los americanos, lo es también para los chilenos. El 11 de septiembre de 1973, se produjo un cruento golpe de estado en Chile que acabó la vida de cientos de miles de jóvenes e intelectuales y sentó en el poder a un criminal llamado Augusto Pinochet Ugarte.

El golpe derrocó al gobierno constitucional de Salvador Allende que había sido electo en 1970. Allende fue muerto por los militares golpista en el mismo palacio de la Moneda, y tras su muerte Chille se convirtió en un baño de sangre.

Ese golpe de estado fue planeado y ejecutado con el soporte de la Central de Inteligencia Americana (CIA).

La administración de Pinochet contó hasta sus últimos días con el apoyo de Estados Unidos.

En la conmemoración de los sangrientos hechos del 11 de septiembre del 2001, este año el presidente Joe Biden hablará desde el Pentágono, no desde Nueva York donde murieron tantas personas inocentes. Lo hará allí posiblemente para honrar la memoria de las víctimas de los ataques en esa edificación militar, pero probablemente será para aprovechar la ira que generaron esos hechos para seguir promoviendo las guerras, exaltar el poderío militar mundial de los Estados Unidos y justificar la expansión de la OTAN en el mundo. Justificar la enorme inversión en armas para la guerra de Ucrania y verter amenazas contra China y Rusia.

Es decir, que la sangre inocente derramada en los atentados del 11 de septiembre del 2001 seguirá sirviendo para derramar mas sangre y mutilar las alas de la paz. Y el poder militar norteamericano para imponer gobiernos a costa de la vida de gente inocente.